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Zona de fumar

por Sebastián Serrano a Roberto Martínez 14 horas parecían poco, más aún cuando están separadas por el poniente y el saliente y por un vuelo de llegada y otro de salida. Y es que un aeropuerto no sólo puede convertirse en aquél desolador paraje que los viajantes tenemos que atravesar para mirar en sus ventanales a los que se quedaron, sino en la confluencia del apuro, el cansancio y hasta del enojo. El caso es que me senté a aliviarme de tantas horas que me esperaban por esperar, con una cerveza bien fría en aquél recoveco que era anunciado por un letrero de “Zona de fumar” del aeropuerto Jorge Chávez de la ciudad de Lima. La pesadumbre del largo viaje y la nostalgia de mi partida fueron en seguida espantadas por la afable voz de Roberto. Tras explicarme de su problema resuelto con la agencia de viajes para llegar a Milán, intercambiamos algunas anécdotas periodísticas, filosofías, risas. Se separaron, su apuro por llegar al “...

Carta a Bettina (tercer fragmento)

por Stalin Coronel Te esperaba un señor en un auto y tus amigas y tú dieron vuelta y se fueron. Un extraño de camisa a cuadros con bigotito tejano y rubio como gringo, fue elúnico que se dio cuenta de lo que nos pasaba y me dijo: cántele una canción. No quise hacerle caso al principio, así que me miró tiernamente, como diciéndome, yo soy El Momento Apropiado, hazme caso. Entonces fui a sacar la guitarra y pensé que debía cantarte “Acróstico”, una canción que te compuse hace algún tiempo: Bella, como todo lo que toca…; Ella, que transpira inocencia…; Tiene por virtud esa sonrisa…; Trampa que me atrapa y me libera…; Inconsciente, su silencio es inconsciente…; Nadie sabe todo lo que siente…; Anda tan dispuesta y decidida…; su nombre me causa melancolía, pero inspira poesía, melodías y verdad”. Me moví para traer la guitarra y entonces Quito me helaba el rostro, me enredé en una cobija y se movió la almohada, perdí el sueño. Cuando abrí los ojos no tenía en mi cabeza más que ese últ...

Disciplina

por Sebastián Serrano Hacían el amor todas las mañanas, entre 6.00 y 6.15, justo antes de que sonara el despertador a las 6.20. A él lo despertaba sigilosamente el deseo de su sexo e inmediatamente como por instinto, sus pies desenredaban la selva de sábanas hasta llegar a los de ella. Ella respondía in situ y fiel a ese acto que desde hace los 4 meses que vivían juntos, se había convertido en una especie de ritual sagrado con el que empezar el día. Áquel martes fue distinto. A él lo despertó el sistemático sonido eléctrico del despertador y ella se levantó, in situ, con él. Tomaron el café en silencio, no se hablaron, y al despedirse, ella a penas se fijó que llevaba puesta la corbata que siempre dijo detestar. Esa mañana en el trabajo, él aceptó el cargo de supervisor y renunció definitivamente a la idea de montar su propia tienda de restauración de cuadros. Esa tarde, ella se tiñó el cabello y compró en el súper de la esquina la última edición de “Vanidades”. Desde entonces,...

1950

por Iván Egüez P. Justamente hoy, dentro de veintiséis años, nacerá alguien a la una de la mañana. No se me es concedido verlo más. Después de treinta y dos años y unos cuantos días, leerá sobre mí en este día de 1950, que no alcanzará a imaginar. No sabrá que lo sé; ni ahora yo mismo me permito saber para no deshilar la trama del tiempo, o por no encontrar nada que valga leer sobre mí en este día. Después nos mentiremos a nosotros mismos diciéndonos que este vínculo no pudo existir.

Carta a Bettina (segundo fragmento)

por Stalin Coronel Sentí un gran vacío en el pecho. -- Hemos tenido toda la tarde para hablar de eso, y ahora se me ocurre preguntarle ¿Cómo estás? , si que sé decepcionarme -- Te tenías que ir y decidí no entregarte el grabado. -- Yo también fallo en encontrar el momento más apropiado para hacer las cosas -- Bajamos para poder despedirme de tus amigas y entre muchos “!gracias!, ¡son bienvenidas cuando quieran!, ¡Qué gusto de conocerte mija, mi hijo me contó mucho sobre ti. Chao!!, etc.”, salimos a la puerta de calle. Ya parecía que se marchaban, pero se dieron vuelta yo no sé para qué. Lo que sé es que fue bueno, porque también diste vuelta y nos encontramos nuevamente. Yo te abracé y te agradecí. Me preguntaste ¿porqué?, y te dije que si algo había aprendido gracias a ti es sobre la paciencia. -- ¿la paciencia?, !pero qué tarado!, si lo que llegué a conocer bien fue la ansiedad, el sueño, la importancia de la vida, lo lejano que está el olvido, lo maravilloso del silencio , ...

Una lata de cine

por Enrique Vivanco Se levantó con muchas ganas de ir al cine, agarró el periódico y buscó enseguida la cartelera, temiéndose lo peor. Tuvieron que pasar varios minutos hasta que encontró la sala que le gusta, con la película que ansía mirar. No necesitó leer ninguna reseña al respecto, el sabía que esa película estaba dirigida por esa clase de director irreverente y paralelo a este universo y que eso garantizaba un buen rato durante la proyección. Tampoco se detuvo para preocuparse por asegurar su asiento, ya que ese tipo de cintas no tienen el apoyo de otras, a pesar de estar en el estado de "estreno mundial". Agarró a la pasada una chaqueta de cuero envejecida por los años y sin peinarse siquiera saltó a la calle, como quien asalta al mundo de un solo golpe. Como en el buen cien europeo, las películas se muestran por la noche, en la oscuridad de un callejón desierto, con personajes definitivamente sospechosos y es en la intimidad de una boletería desolada, donde se com...

MIKOI

por Sebastián Serrano “(…) Que la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” Soliloquio de Segismundo, La vida es sueño. Apenas estuvo en el ascensor panorámico se detuvo un instante para reflexionar sobre a qué piso iba, sólo tenía certeza que descendía. Pudo observar aquel bosque de luces que se extendía hasta el horizonte, era una ciudad moderna y mundana. El ascensor se detuvo en la planta baja, debía de ser una especie de subterráneo en donde encontró un enorme local, entre oscuro e iluminado por luces multicolores que pintaban el ambiente de lugar nocturno, de espectáculo. No bien se apeó del ascensor una chica de mediana estatura, asiática y hermosa se le abalanzó, lo besó muy familiarmente, expresaba efusivamente una alegría íntima. Se abrazaron, definitivamente tenía que ser su pareja. Tomados de la mano se dirigieron a un lugar donde había una gran pantalla gigante todavía apagada. Sabía que habría una especie de concurso, tal vez será un karaoke, pensó para sus ade...