Hace algunos meses, no he venido haciendo otra cosa sino conjurar algunos pequeños pendientes con la vida. Con mi vida, quiero decir. La personal y concreta, no la abstracta y existencial. Y todo esto me he dado cuenta apenas hoy, cuando miraba retrospectivamente esos pequeños actos, entre desesperados y bien medidos. Antes de dormir, he pensado: la oscuridad y el silencio se encuentran bien, se encuentran con deseo.