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El tronco del liceo

 Lo soñé el otro día. Yo era una adulto inscrito en el quinto curso del liceo. El lugar mágico para mí desde la infancia, siempre fue el tronco del kinder. Árbol en su día grande y magnánimo seguramente, tenía cuatro subtroncos que formaban cuatro esquinas cortadas en horizontal a sierra limpia. Miro el tronco y voy hacia él.  Hay niños jugando en él, como siempre ocurría, pero en lugar de disputar el lugar de juego un niño de ojos verdes me mira sonriente y junto a sus amigos se deslizan fuera del tronco acrobáticamente para cederme el lugar.   Subo al tronco (había un peldaño natural como si el mismo árbol en vida se hizo a sí mismo para convertirse tras su muerte en un juego infantil) y veo que tiene ramas de árbol vivo. Ya no es un tronco muerto, es un árbol lozano y vivo, mezcla extraña de ciprés y pino. Lo miro desde lejos y en el sueño, deseo escribirle un poema.

Ahora contigo

 Ahora se enfada mi soledad contigo. Ahora, precisamente ahora Ambas se miran en silencio Tú, ausente pero presente. Como le explico entonces a ella, A mi soledad Que cuando llegues - si llegas a llegar- Que ya me es prescindible Y que le cambio todo, todo lo que me ha dado, Por un momento contigo.

Azul

Una declaración de principios más que un poema, yo del poetas el menor, si poeta se me puede llamar que busca simplemente echar una mirada al pensamiento y al sentimiento De encontrarme contigo cara a cara Para que me leas  Y me escribas. Como en cada amanecer como en cada oleaje en cada zambullida de la conciencia, del cuerpo.

Epifanía

Contaba casi la mitad de lo que iba a vivir, en años.  Entendió lo que la vida era -o algo cercano a eso- y sonrió,  mientras algunas lágrimas le rodaron por las mejillas.

Un par de copas más

                                                                                                                                     A Cioran, y su sutil  no estás solo en esto. ¿Quién eres?  le preguntó. Si respondo a tu pregunta, es muy probable que no quieras volver a verme. Querrás ir a casa, me dirás que tenías algo, intentarás pagar la cuenta y saldrás apresurada. Habrás entrado en un camino sin retorno, habrás visto el vacío. Nunca volverás a ser la misma y me recordarás con rencor, con una repulsa que con los años se transformará en desidia ante las cosas de la vida. Pero la v...