Un par de copas más

                                                                                                           A Cioran, y su sutil no estás solo en esto.

¿Quién eres?  le preguntó. Si respondo a tu pregunta, es muy probable que no quieras volver a verme. Querrás ir a casa, me dirás que tenías algo, intentarás pagar la cuenta y saldrás apresurada. Habrás entrado en un camino sin retorno, habrás visto el vacío. Nunca volverás a ser la misma y me recordarás con rencor, con una repulsa que con los años se transformará en desidia ante las cosas de la vida.

Pero la voy a responder porque cuando lo haga, por fin me habré liberado de mí mismo, me habré respondido a mí mismo de manera definitiva y fatal. Soy alguien que está vivo y está muerto al mismo tiempo.

Ella lo miró fijamente. Sus ojos se humedecieron y un brillo de desprecio se anticipó a las palabras de serenidad que siguieron. No comprendió nada, pero miró el vacío. Cambió enseguida el tema y tomaron un par de copas más antes de salir de aquel bar del centro.

Nunca más se volvieron a ver, pero la profecía que esa tarde él le había hecho se cumplió: 7 años más tarde, Lucía tenía la mirada perdida cuando pasó por el mismo bar en donde había visto el vacío.

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