Casa de Rómulo Gallegos
Nunca pensé que cuando iba a tomar una cerveza en una tarde de sábado en Caracas, me iba encontrar un inmenso edificio de concreto. En su fachada decía: Casa de Rómulo Gallegos. Y tras leer aquellas letras en aluminio dorado, me acordé de uno de los más hermosos discursos literatos jamás escuchados. Aquél de Roberto Bolaño, cuando ganó precisamente el premio Rómulo Gallegos, a la mejor obra: Los detectives salvajes. Y yo me siento que estoy soñando. Porque al final, todo termina en un sueño.