El cazador de belleza
Discurrían sus días en anónima felicidad. Sus asuntos los llevaba sin prisa, entre caminatas matutinas y sin los contratiempos mentales que exige una rutina que por ahora, le era indiferente tener. La muerte caminaba junto a él y quizás este hecho peregrino, le proporcionaba una quietud de espíritu que ninguna otra circunstancia le habría procurado.