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Mostrando entradas de junio, 2008

Carta a Bettina (tercer fragmento)

por Stalin Coronel Te esperaba un señor en un auto y tus amigas y tú dieron vuelta y se fueron. Un extraño de camisa a cuadros con bigotito tejano y rubio como gringo, fue elúnico que se dio cuenta de lo que nos pasaba y me dijo: cántele una canción. No quise hacerle caso al principio, así que me miró tiernamente, como diciéndome, yo soy El Momento Apropiado, hazme caso. Entonces fui a sacar la guitarra y pensé que debía cantarte “Acróstico”, una canción que te compuse hace algún tiempo: Bella, como todo lo que toca…; Ella, que transpira inocencia…; Tiene por virtud esa sonrisa…; Trampa que me atrapa y me libera…; Inconsciente, su silencio es inconsciente…; Nadie sabe todo lo que siente…; Anda tan dispuesta y decidida…; su nombre me causa melancolía, pero inspira poesía, melodías y verdad”. Me moví para traer la guitarra y entonces Quito me helaba el rostro, me enredé en una cobija y se movió la almohada, perdí el sueño. Cuando abrí los ojos no tenía en mi cabeza más que ese últ...

Disciplina

por Sebastián Serrano Hacían el amor todas las mañanas, entre 6.00 y 6.15, justo antes de que sonara el despertador a las 6.20. A él lo despertaba sigilosamente el deseo de su sexo e inmediatamente como por instinto, sus pies desenredaban la selva de sábanas hasta llegar a los de ella. Ella respondía in situ y fiel a ese acto que desde hace los 4 meses que vivían juntos, se había convertido en una especie de ritual sagrado con el que empezar el día. Áquel martes fue distinto. A él lo despertó el sistemático sonido eléctrico del despertador y ella se levantó, in situ, con él. Tomaron el café en silencio, no se hablaron, y al despedirse, ella a penas se fijó que llevaba puesta la corbata que siempre dijo detestar. Esa mañana en el trabajo, él aceptó el cargo de supervisor y renunció definitivamente a la idea de montar su propia tienda de restauración de cuadros. Esa tarde, ella se tiñó el cabello y compró en el súper de la esquina la última edición de “Vanidades”. Desde entonces,...

1950

por Iván Egüez P. Justamente hoy, dentro de veintiséis años, nacerá alguien a la una de la mañana. No se me es concedido verlo más. Después de treinta y dos años y unos cuantos días, leerá sobre mí en este día de 1950, que no alcanzará a imaginar. No sabrá que lo sé; ni ahora yo mismo me permito saber para no deshilar la trama del tiempo, o por no encontrar nada que valga leer sobre mí en este día. Después nos mentiremos a nosotros mismos diciéndonos que este vínculo no pudo existir.