Disciplina

por Sebastián Serrano

Hacían el amor todas las mañanas, entre 6.00 y 6.15, justo antes de que sonara el despertador a las 6.20. A él lo despertaba sigilosamente el deseo de su sexo e inmediatamente como por instinto, sus pies desenredaban la selva de sábanas hasta llegar a los de ella. Ella respondía in situ y fiel a ese acto que desde hace los 4 meses que vivían juntos, se había convertido en una especie de ritual sagrado con el que empezar el día. Áquel martes fue distinto. A él lo despertó el sistemático sonido eléctrico del despertador y ella se levantó, in situ, con él. Tomaron el café en silencio, no se hablaron, y al despedirse, ella a penas se fijó que llevaba puesta la corbata que siempre dijo detestar. Esa mañana en el trabajo, él aceptó el cargo de supervisor y renunció definitivamente a la idea de montar su propia tienda de restauración de cuadros. Esa tarde, ella se tiñó el cabello y compró en el súper de la esquina la última edición de “Vanidades”. Desde entonces, todos ven en ese par, una pareja normal.

Entradas populares de este blog

Life is a dream

Ecuador, país de mierda

The end