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Mostrando entradas de abril, 2008

Carta a Bettina (primer fragmento)

por Stalin Coronel Ese pensamiento me frustraba un poco cuando sentía que era el momento apropiado para preguntarte si te quedarías; después de todo, si sé tan poco de ti, es porque no recibí respuesta todo este tiempo. Pero no importa, te voy a contar como te veías: tenías el pelo negro y te lo habías cortado a la altura de los hombros y ondulado hacia adentro. A la altura de las sienes te habías rapado hacia atrás, hasta la latitud de la oreja. Tu piel era muy morena, pero un moreno pálido y tu nariz aguileña y tu boca se veía pequeña y puntiaguda. Te veías distinta por fuera. No hablo de tus ojos porque sólo en ellos te encontré. Así es, mirabas distinto…”no era hermosa, pero era ella”. Así que comíamos y tomábamos café con mi familia mientras las historias, los logros, las anécdotas, los buenos momentos se paseaban por la mesa entre nosotros. Evité preguntar por tu matrimonio, me contuve de hablar de él y a ti no te interesaba tocar el tema. Yo subí corriendo al ático a sac...

Las manos

Miguel Hernández Dos especies de manos se enfrentan en la vida, brotan del corazón, irrumpen por los brazos, saltan, y desembocan sobre la luz herida a golpes, a zarpazos. La mano es la herramienta del alma, su mensaje, y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente.

Estracto de Espejos. Una Historia Casi Universal

por Eduardo Galeano Heródoto, venido de Grecia, comprobó que el río y el cielo de Egipto no se parecían a ningún otro río ni a ningún otro cielo, y lo mismo ocurría con las costumbres. Gente rara, los egipcios: amasaban la harina con los pies y el barro con las manos, y momificaban a sus gatos muertos y los guardaban en cámaras sagradas. Pero lo que más llamaba la atención era el lugar que las mujeres ocupaban entre los hombres. Ellas, fueran nobles o plebeyas, se casaban libremente y sin renunciar a sus nombres ni a sus bienes. La educación, la propiedad, el trabajo y la herencia eran derechos de ellas, y no sólo de ellos, y eran ellas quienes hacían las compras en el mercado mientras ellos estaban tejiendo en casa. Según Heródoto, que era bastante inventón, ellas orinaban de pie y ellos, de rodillas.

El capital no se come

por Sebastián Serrano En mis últimos 10 años nunca recordé a ningún intelectual o académico pronosticar una crisis mundial a causa de los elevados precios alimenticios. Siempre se habló de la productividad, el empleo, la competitividad… Ahora bancos y financieras norteamericanas amenazados por una crisis que para muchos tiene sus raíces en los altos precios del petróleo además de una moneda que siempre demostró fortaleza ahora desplomándose y sobretodo economías de todo el planeta afectadas por el incremento en los precios de los alimentos. Para muchos es difícil comprender una realidad tan ineludible como la necesidad de alimento que tenemos los seres humanos: la tierra nos da de comer. Y mientras las economías y los modelos de desarrollo apuestan al capital como la punta de lanza para el crecimiento, la tierra es explotada ignominiosamente. Todo empieza a temblar y a desestabilizarse. Caen las bolsas, suben los precios, al final la gente tiene hambre. Quizás sea con...

Criticando a un crítico

por Enrique Vivanco Me dan risa los críticos me aseguraba, yo le miraba directo a los ojos como me gusta, él me decía mientras reía, que los críticos son amantes de lo original, aunque su profesión no requiera, ningún ejercicio original, precisamente. Me cuesta trabajo leer una crítica, porque siento que no voy a leer nada original o por lo menos pro positivo. Y esta vez no fue la excepción, pero hice el esfuerzo. Ricaurte es un crítico (aunque la palabra casi duela, cual insulto) de los menos irrespetados y me tomé tres minutos para saber que quería transmitir. Al finalizar mi lectura, sentí que había crecido, lo juro, me sirvió, no lo podía creer, pero así fue. Cuando me enteré que su programa de radio se llama “Días de radio”, todo volvió a la normalidad, me dio una risa...

Contexto

Pasar el tiempo en una ciudad de 90 mil habitantes en medio de la Amazonía replantea por completo nuestra habitual y occidental percepción del mismo. Desde el Internet que funciona a una velocidad que en cualquier ciudad del mundo resultaría inaceptable, hasta el funcionario público que sin apuro alguno llena un crucigrama en horas de oficina, los sucesos en esta parte del mundo nos acercan más a una concepción menos tensa de la vida. Otra cosa, dejar artículos como estos inconclusos y sin sentido, muestra clara de una nueva apreciación de la existencia humana y de sus exigencias.