Carta a Bettina (primer fragmento)

por Stalin Coronel

Ese pensamiento me frustraba un poco cuando sentía que era el momento apropiado para preguntarte si te quedarías; después de todo, si sé tan poco de ti, es porque no recibí respuesta todo este tiempo. Pero no importa, te voy a contar como te veías: tenías el pelo negro y te lo habías cortado a la altura de los hombros y ondulado hacia adentro. A la altura de las sienes te habías rapado hacia atrás, hasta la latitud de la oreja. Tu piel era muy morena, pero un moreno pálido y tu nariz aguileña y tu boca se veía pequeña y puntiaguda. Te veías distinta por fuera.

No hablo de tus ojos porque sólo en ellos te encontré. Así es, mirabas distinto…”no era hermosa, pero era ella”. Así que comíamos y tomábamos café con mi familia mientras las historias, los logros, las anécdotas, los buenos momentos se paseaban por la mesa entre nosotros. Evité preguntar por tu matrimonio, me contuve de hablar de él y a ti no te interesaba tocar el tema. Yo subí corriendo al ático a sacar una xilografía que he querido entregarte desde hace mucho tiempo. El ático estaba repleto de obras artísticas, pintura, construcciones. Había unos 6 trozos grandes de cartón blanco con carritos de plástico pegados, sobre el piso. --Eso fue muy simbólico para mí. Lo entendí como la realidad de verme siendo artista, trabajando y no claudicando ante la dificultad, la apatía y el ruido--. Tuve dificultad en llegar al sitio donde estaba este grabado y en el tiempo que me tardé en llegar al lugar, tú habías subido y entraste al ático. Al darme la vuelta te vi y sin cuidarme de pisar los cartones con carritos fui hacia ti y te dije: gracias por venir, ¿cómo estás?. Entendiste el sentido de mi pregunta y me miraste como diciéndome, que no había tiempo para hablar de eso. Eso toma un rato – me dijiste-- y que no era posible porque subías a despedirte.

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