por Sebastián Serrano
En mis últimos 10 años nunca recordé a ningún intelectual o académico pronosticar una crisis mundial a causa de los elevados precios alimenticios. Siempre se habló de la productividad, el empleo, la competitividad… Ahora bancos y financieras norteamericanas amenazados por una crisis que para muchos tiene sus raíces en los altos precios del petróleo además de una moneda que siempre demostró fortaleza ahora desplomándose y sobretodo economías de todo el planeta afectadas por el incremento en los precios de los alimentos.
Para muchos es difícil comprender una realidad tan ineludible como la necesidad de alimento que tenemos los seres humanos: la tierra nos da de comer. Y mientras las economías y los modelos de desarrollo apuestan al capital como la punta de lanza para el crecimiento, la tierra es explotada ignominiosamente. Todo empieza a temblar y a desestabilizarse. Caen las bolsas, suben los precios, al final la gente tiene hambre. Quizás sea conveniente dirigir la mirada hacia la tierra y orientarse hacia un modelo sostenible, respetuoso del medio ambiente y más equitativo porque a fin de cuentas, el capital no se come.