Carta a Bettina (tercer fragmento)

por Stalin Coronel

Te esperaba un señor en un auto y tus amigas y tú dieron vuelta y se fueron. Un extraño de camisa a cuadros con bigotito tejano y rubio como gringo, fue elúnico que se dio cuenta de lo que nos pasaba y me dijo: cántele una canción. No quise hacerle caso al principio, así que me miró tiernamente, como diciéndome, yo soy El Momento Apropiado, hazme caso. Entonces fui a sacar la guitarra y pensé que debía cantarte “Acróstico”, una canción que te compuse hace algún tiempo: Bella, como todo lo que toca…; Ella, que transpira inocencia…; Tiene por virtud esa sonrisa…; Trampa que me atrapa y me libera…; Inconsciente, su silencio es inconsciente…; Nadie sabe todo lo que siente…; Anda tan dispuesta y decidida…; su nombre me causa melancolía, pero inspira poesía, melodías y verdad”. Me moví para traer la guitarra y entonces Quito me helaba el rostro, me enredé en una cobija y se movió la almohada, perdí el sueño. Cuando abrí los ojos no tenía en mi cabeza más que ese último de nuestros momentos, “No, che, si después de eso caí en un eclenoccio... se te quebró la voz y preferiste callarte”… ¿ECLENOCCIO? Entiendo la terminación de la palabra, pues NOCCIO en latín es Noche. Pero ¿qué era ECLE? Me levanté, corrí hacia la biblioteca y busqué la palabra completa en una enciclopedia: eclenooooccio, eclenoccio, eclenoccioooo, mmm… no existía. Busqué palabras con “Ecle” y encontré: Eclecticismo, ecléctico, Ecles, Eclesia, Eclesial, Eclesiástico y tres definiciones más por el estilo. De todas escogí la que más me sonaba a conducta, comportamiento o estado de; así que me quedé con algunas líneas de la definición de la palabra Eclecticismo. Decía literalmente así: Método que consiste en escoger de entre los diversos sistemas de las tesis que parecen más aceptables, para formar con ellas un cuerpo de doctrina. // Disposición del espíritu que se adapta a todo lo que le parece bueno // Modo de proceder que se basa en la condescendencia parcial y no en las soluciones extremas y bien definidas.
Me habías dicho en otras palabras que después de despedirnos esa primera vez, te pasaste las noches aferrada a construir una doctrina que motiva al espíritu a adaptarse a todo lo que le parece bueno, apropiado, correcto, aunque no sea siempre lo que realmente se quiere. Eso era un Eclenoccio.
Yo también lo lamenté mucho en ese instante. Pero te habías acostumbrado.
Sé que es solo una coincidencia, el sueño, las palabras, mis interpretaciones, pero, ¿a caso no es una estupenda coincidencia?

Hola Bettina,

Son las cinco y cuarenta de la mañana y Quito me congela, hace tanto que no perdía el sueño de esta forma.

¿Cómo estás?

Domingo, 13 de abril de 2008 – Quito

Entradas populares de este blog

Life is a dream

Ecuador, país de mierda

The end