El tronco del liceo

 Lo soñé el otro día. Yo era una adulto inscrito en el quinto curso del liceo. El lugar mágico para mí desde la infancia, siempre fue el tronco del kinder. Árbol en su día grande y magnánimo seguramente, tenía cuatro subtroncos que formaban cuatro esquinas cortadas en horizontal a sierra limpia.

Miro el tronco y voy hacia él.  Hay niños jugando en él, como siempre ocurría, pero en lugar de disputar el lugar de juego un niño de ojos verdes me mira sonriente y junto a sus amigos se deslizan fuera del tronco acrobáticamente para cederme el lugar. 

 Subo al tronco (había un peldaño natural como si el mismo árbol en vida se hizo a sí mismo para convertirse tras su muerte en un juego infantil) y veo que tiene ramas de árbol vivo. Ya no es un tronco muerto, es un árbol lozano y vivo, mezcla extraña de ciprés y pino. Lo miro desde lejos y en el sueño, deseo escribirle un poema.

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