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El cuaderno de Saramago

por Sebastián Serrano Me resulta conmovedor haber descubierto que uno de los más grandes escritores de nuestra época, José Saramago, tenía y escribía un blog . Digo esto porque, sabemos que, por lo general los grandes escritores quedan suspendidos en el aura de su gloria, y desde allí permanecen inalcanzables para la mayoría de los mortales que de cuando en cuando nos deleitamos con los caprichos de sus genialidades. No así el caso de Saramago, que quien con su pueril inocencia para contar historias y decir aquellas cosas que la mayoría de la humanidad creyó estaban vedadas por la divinidad o algo parecido, nos enseñó esa parte del camino, como aquélla su heroína vidente en su obra maestra "Ensayo sobre la ceguera". Saramago escribe casi a diario, y encontramos en un sencillo blog, esa misma sabiduría vestida de sencillez y de humildad, de aquel que se sabe en paz por decir lo que siente, con la ausencia absoluta del miedo que proporciona la lucidez del hombre sencillo y de...

Reflexión diurna

por Sebastián Serrano Mi pequeño Edén. No, no es el nombre de un jardín de infantes. Es así como se me ha ocurrido llamarle a mi jardín, el de la casa de la que quiero hablarle. La alquilo desde hace 5 meses, y hoy apenas he comprendido que será mi hogar por algunos más. Es grande. Tan grande que la gente que me visita se asusta cuando le digo que soy su único habitante. Pero me he acostumbrado, muy a pesar de mi siempre monástica predilección por los espacios reducidos y funcionales. He optado, también funcionalmente, por cerrar las tres habitaciones que no ocupo y así imagino que la casa se circunscribe a las tres restantes. Pero volvamos a lo del jardín. Sin duda, es lo más elocuente que tiene la casa, no le miento, hasta me habla. Me perdonó que a mi llegada habíamos acordado con el propietario de que cortaran todo aquello que yo pensaba era maleza y que sin embargo, con el transcurso de las semanas he ido descubriendo que se trata de una bella amalgama de p...

Portuñol

por Sebastián Serrano A Edina Ella habla portugués, él español. Ella pinta y vende cuadros en la plaza, él un simple funcionario de ocho a seis. Se miran. Él mientras toma una cerveza en una terraza de la plaza, ella mientras habla y ríe con los compañeros de pega. Él la invita a sentarse, ella acepta. Hablan. Ella le entiende bien, él casi nada. Cada frase de ella, él no la entiende, ella repite, es paciente. Él le cuenta de su ciudad y las montañas, ella le habla de su pueblo de ganados y selvas. Llega la noche, se han quedado juntos. A las doce ambos comprenden algo. Los ojos, los labios y las manos no entienden de conjugaciones ni de verbos, hablan el mismo lenguaje.

Nota en el frigo

por Sebastián Serrano Brusco. Sos brusco cuando hacés el amor. Además, me harta que dejés la comida en el frigo durante días, hasta que empieza a cubrirla una capa verde horrenda, me da asco. Claudio, tu amigo, el que me presentaste en el boliche, al que como todos tus amigos humillas inconcientemente con tus ademanes de intelectualoide academizado. Me voy con él. Te dejo el DVD, la comida de Cayú (se la podés dar a los gatos de la calle...), y los guantes de mi amiga Lola ( a la que según Ale, te la tiraste durante mis vacaciones en Montevideo). Me llevo los preservativos que tan puntualmente comprabas para no asumir responsabilidades innecesarias. Cuídate. No te olvides de tomar el Trebol. Con amor, Eva

Mario para siempre

por Sebastián Serrano A tus ochenta y siete tomas la pluma o la máquina, armas las tuyas de cortar soledades y amores, despiertas y tu voz se vuelve a escuchar: Te sale el aliento lento cuando lees los versos, ojalá no sean los últimos, Amigo de la poesía y de nuestra América te debates frente a tu última pérdida, que es la de todos, quizás porque ya no dirás: “porque te tengo y no, porque te pienso”. Siempre habrá un camino abierto hacia Montevideo, para encontrarte y para escuchar los himnos nuestros de tu boca, amigo, compañero, poeta. Cierro este humilde homenaje que no es una elegía con eso tan grande, tan dicho a tu estilo: “Ojalá amemos sin bochorno/ ojalá amemos/ ojalá.”

Zona de fumar

por Sebastián Serrano a Roberto Martínez 14 horas parecían poco, más aún cuando están separadas por el poniente y el saliente y por un vuelo de llegada y otro de salida. Y es que un aeropuerto no sólo puede convertirse en aquél desolador paraje que los viajantes tenemos que atravesar para mirar en sus ventanales a los que se quedaron, sino en la confluencia del apuro, el cansancio y hasta del enojo. El caso es que me senté a aliviarme de tantas horas que me esperaban por esperar, con una cerveza bien fría en aquél recoveco que era anunciado por un letrero de “Zona de fumar” del aeropuerto Jorge Chávez de la ciudad de Lima. La pesadumbre del largo viaje y la nostalgia de mi partida fueron en seguida espantadas por la afable voz de Roberto. Tras explicarme de su problema resuelto con la agencia de viajes para llegar a Milán, intercambiamos algunas anécdotas periodísticas, filosofías, risas. Se separaron, su apuro por llegar al “...

Carta a Bettina (tercer fragmento)

por Stalin Coronel Te esperaba un señor en un auto y tus amigas y tú dieron vuelta y se fueron. Un extraño de camisa a cuadros con bigotito tejano y rubio como gringo, fue elúnico que se dio cuenta de lo que nos pasaba y me dijo: cántele una canción. No quise hacerle caso al principio, así que me miró tiernamente, como diciéndome, yo soy El Momento Apropiado, hazme caso. Entonces fui a sacar la guitarra y pensé que debía cantarte “Acróstico”, una canción que te compuse hace algún tiempo: Bella, como todo lo que toca…; Ella, que transpira inocencia…; Tiene por virtud esa sonrisa…; Trampa que me atrapa y me libera…; Inconsciente, su silencio es inconsciente…; Nadie sabe todo lo que siente…; Anda tan dispuesta y decidida…; su nombre me causa melancolía, pero inspira poesía, melodías y verdad”. Me moví para traer la guitarra y entonces Quito me helaba el rostro, me enredé en una cobija y se movió la almohada, perdí el sueño. Cuando abrí los ojos no tenía en mi cabeza más que ese últ...