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Carta a Bettina (segundo fragmento)

por Stalin Coronel Sentí un gran vacío en el pecho. -- Hemos tenido toda la tarde para hablar de eso, y ahora se me ocurre preguntarle ¿Cómo estás? , si que sé decepcionarme -- Te tenías que ir y decidí no entregarte el grabado. -- Yo también fallo en encontrar el momento más apropiado para hacer las cosas -- Bajamos para poder despedirme de tus amigas y entre muchos “!gracias!, ¡son bienvenidas cuando quieran!, ¡Qué gusto de conocerte mija, mi hijo me contó mucho sobre ti. Chao!!, etc.”, salimos a la puerta de calle. Ya parecía que se marchaban, pero se dieron vuelta yo no sé para qué. Lo que sé es que fue bueno, porque también diste vuelta y nos encontramos nuevamente. Yo te abracé y te agradecí. Me preguntaste ¿porqué?, y te dije que si algo había aprendido gracias a ti es sobre la paciencia. -- ¿la paciencia?, !pero qué tarado!, si lo que llegué a conocer bien fue la ansiedad, el sueño, la importancia de la vida, lo lejano que está el olvido, lo maravilloso del silencio , ...

Una lata de cine

por Enrique Vivanco Se levantó con muchas ganas de ir al cine, agarró el periódico y buscó enseguida la cartelera, temiéndose lo peor. Tuvieron que pasar varios minutos hasta que encontró la sala que le gusta, con la película que ansía mirar. No necesitó leer ninguna reseña al respecto, el sabía que esa película estaba dirigida por esa clase de director irreverente y paralelo a este universo y que eso garantizaba un buen rato durante la proyección. Tampoco se detuvo para preocuparse por asegurar su asiento, ya que ese tipo de cintas no tienen el apoyo de otras, a pesar de estar en el estado de "estreno mundial". Agarró a la pasada una chaqueta de cuero envejecida por los años y sin peinarse siquiera saltó a la calle, como quien asalta al mundo de un solo golpe. Como en el buen cien europeo, las películas se muestran por la noche, en la oscuridad de un callejón desierto, con personajes definitivamente sospechosos y es en la intimidad de una boletería desolada, donde se com...

MIKOI

por Sebastián Serrano “(…) Que la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” Soliloquio de Segismundo, La vida es sueño. Apenas estuvo en el ascensor panorámico se detuvo un instante para reflexionar sobre a qué piso iba, sólo tenía certeza que descendía. Pudo observar aquel bosque de luces que se extendía hasta el horizonte, era una ciudad moderna y mundana. El ascensor se detuvo en la planta baja, debía de ser una especie de subterráneo en donde encontró un enorme local, entre oscuro e iluminado por luces multicolores que pintaban el ambiente de lugar nocturno, de espectáculo. No bien se apeó del ascensor una chica de mediana estatura, asiática y hermosa se le abalanzó, lo besó muy familiarmente, expresaba efusivamente una alegría íntima. Se abrazaron, definitivamente tenía que ser su pareja. Tomados de la mano se dirigieron a un lugar donde había una gran pantalla gigante todavía apagada. Sabía que habría una especie de concurso, tal vez será un karaoke, pensó para sus ade...

Carta a Bettina (primer fragmento)

por Stalin Coronel Ese pensamiento me frustraba un poco cuando sentía que era el momento apropiado para preguntarte si te quedarías; después de todo, si sé tan poco de ti, es porque no recibí respuesta todo este tiempo. Pero no importa, te voy a contar como te veías: tenías el pelo negro y te lo habías cortado a la altura de los hombros y ondulado hacia adentro. A la altura de las sienes te habías rapado hacia atrás, hasta la latitud de la oreja. Tu piel era muy morena, pero un moreno pálido y tu nariz aguileña y tu boca se veía pequeña y puntiaguda. Te veías distinta por fuera. No hablo de tus ojos porque sólo en ellos te encontré. Así es, mirabas distinto…”no era hermosa, pero era ella”. Así que comíamos y tomábamos café con mi familia mientras las historias, los logros, las anécdotas, los buenos momentos se paseaban por la mesa entre nosotros. Evité preguntar por tu matrimonio, me contuve de hablar de él y a ti no te interesaba tocar el tema. Yo subí corriendo al ático a sac...

Las manos

Miguel Hernández Dos especies de manos se enfrentan en la vida, brotan del corazón, irrumpen por los brazos, saltan, y desembocan sobre la luz herida a golpes, a zarpazos. La mano es la herramienta del alma, su mensaje, y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente.

Estracto de Espejos. Una Historia Casi Universal

por Eduardo Galeano Heródoto, venido de Grecia, comprobó que el río y el cielo de Egipto no se parecían a ningún otro río ni a ningún otro cielo, y lo mismo ocurría con las costumbres. Gente rara, los egipcios: amasaban la harina con los pies y el barro con las manos, y momificaban a sus gatos muertos y los guardaban en cámaras sagradas. Pero lo que más llamaba la atención era el lugar que las mujeres ocupaban entre los hombres. Ellas, fueran nobles o plebeyas, se casaban libremente y sin renunciar a sus nombres ni a sus bienes. La educación, la propiedad, el trabajo y la herencia eran derechos de ellas, y no sólo de ellos, y eran ellas quienes hacían las compras en el mercado mientras ellos estaban tejiendo en casa. Según Heródoto, que era bastante inventón, ellas orinaban de pie y ellos, de rodillas.

El capital no se come

por Sebastián Serrano En mis últimos 10 años nunca recordé a ningún intelectual o académico pronosticar una crisis mundial a causa de los elevados precios alimenticios. Siempre se habló de la productividad, el empleo, la competitividad… Ahora bancos y financieras norteamericanas amenazados por una crisis que para muchos tiene sus raíces en los altos precios del petróleo además de una moneda que siempre demostró fortaleza ahora desplomándose y sobretodo economías de todo el planeta afectadas por el incremento en los precios de los alimentos. Para muchos es difícil comprender una realidad tan ineludible como la necesidad de alimento que tenemos los seres humanos: la tierra nos da de comer. Y mientras las economías y los modelos de desarrollo apuestan al capital como la punta de lanza para el crecimiento, la tierra es explotada ignominiosamente. Todo empieza a temblar y a desestabilizarse. Caen las bolsas, suben los precios, al final la gente tiene hambre. Quizás sea con...