Constancias

A menudo pensaba que era necesario abandonar el hábito de levantarse a las 3 am y fumar. Lo hacía desde hace algunos años, desde que lo había dejado Ana. El hábito era simple e inocente, la ingenuidad del acto le permitía no molestar a nadie, ahora que vivía solo en el cuarto piso del 33 de Málaga y Madrid.

Además, nunca se sintió cohibido de hacerlo. Al terminar el cigarrillo -que siempre lo fumaba fuera en el balcón- se distraía pensando con cierta superioridad moral, en lo ridículos que parecían sus vecinos a esas horas, durmiendo, soñando quizás en quién sabe qué nimiedades.

En fin, a sus 49, volvió a pensar en su hábito. Era secreto, era un hábito que lo convertía en cómplice de sí mismo; nadie más en el mundo, sabía que Renato Sevilla se levantaba todas las noches a las 3 de la madrugada y fumaba asomado a su balcón. Y aquélla madrugada del 7 de julio, a las 3:07 am, precisamente 3 minutos antes de desplomarse por la baranda tras el derrame cerebral, logró por fin, alcanzar la felicidad.

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