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Monseñor Romero

por Sebastián Serrano La primera vez que escuché su nombre fue en un monasterio de Paris. Su firma figuraba al final de una carta en la que solicitaba el apoyo de -no recuerdo quién- para su causa en El Salvador. La carta (una fotocopia legible, bien lo recuerdo), me la mostró un viejo monje inglés llamado Patrick. Este suceso lo recuerdo ahora, diez años más tarde, después de haber recibido de un buen amigo una ponencia sobre el obispo que transformó el ideal de la causa de la moderna iglesia cristiana. De poco sirve que resuma en breve su gran obra, pero bien sería inútil recordar a aquel obispo que dio la vida por los más pobres, sin mencionar su valor y compromiso por denunciar las injustias que ocurrían por aquellos días en los que la derecha en el gobierno, hacía y deshacía, violaba derechos y asesinaba. Es pertinente más ahora que nunca, ahora que las sociedades latinoamericanas empiezan a despertar y a crear una conciencia redimidora de la condición de los más pobres de América...

Paris je t'aime

por Sebastián Serrano Film collectif. Así aparece al inicio, cuando las primeras letras despuntan el fondo negro que precede a casi toda película. En efecto, es algo así como una conjunción de pequeños films, un "collash" de historias superpuestas en un mismo escenario: Paris (sin tilde, lo considero un insulto, perdón a los de la Academia). Historias comunes, casi momentos diría yo, porque la vida, más que historias tiene momentos, todos éstos se suceden en la ciudad por antonomasia, de la cual todas las cosas que se dicen sobre ella son verdad, cosas como que uno se enamora de ella, y ella probablemente de uno. Algo más: grandes directores que alguna vez me deslumbraron, como Gus Van Saint y Alfonso Cuarón dirigen cada uno de estos fragmentos y en cada uno el estilo y la gracia particular que les son propios. Muy recomendable, especialmente para los que se enamoraron en Paris, pero sobretodo, para los que se enamoraron de Paris.

Ciudad

por Sebastián Serrano Sigo perplejo mirando la ciudad que abandoné hace algunos años, haya sido por capricho de ella o de mí, poco importa ahora. Estoy parado al borde de lo que los quiteños llamamos un "mirador", el sol es tímido a esta hora, el viento de la tarde mucho más atrevido nos obliga a abrigarnos de alguna manera. Y sin embargo de la familiaridad del paisaje, todo me parece nuevo, como si fuese yo un extranjero al que se le recibe con la sonrisa pálida, yo logro escuchar un silencio reconciliatorio, probablemente un "te estaba esperando", no lo sé, mi perplejidad se va traduciendo también en la misma sonrisa pálida de ella, la ciudad. Está quietita mientras yo la miro, es la misma pero diferente, me digo a mí mismo que es otra, tal vez tanto ella como yo hemos cedido, a veces las reconciliaciones sólo ocurren así, en silencio. Finalmente.

Palabras

por Sebastián Serrano No puedo dejar sin comentar lo que leo muchas veces hasta la emoción de los ojos anegados. Todavía, en medio de un mundo donde la crisis representa el principal discurso de los líderes mundiales y donde casi todos buscan al borde de la desesperación socialmente aceptada, producir, mantenerse, agradar, etc., etc., personas, grandes minorías, sensibles al dolor de la gente, de los animales, del mundo que nos rodea, que denuncian, reclaman, exclaman un grito al cielo aunque se sepa que nadie va a responder. Sabemos como nadie, que la palabra desprovista de acción no conduce al efecto. Sin embargo, puede ser un buen comienzo.

De la muerte y otras señoras

por Sebastián Serrano "...Cómo tarda la muerte en llegar...! " Azorín Cuando sintío el retorcijón punzante en el costado izquierdo de su bien alimentado vientre, pensó que se iba a morir. Y efectivamente así sucedería, porque tres minutos más tarde, cuando la penumbra de la seis inundaba su casa, vio parada junto al ventanal a una mujer. Sin ninguna presentación o etiqueta que exigiera el protocolo social de áquel momento, áquella le esbozó la sonrisa que Don Andrés recordó como la sonrisa que vio en la taquillera del cine, la semana pasada. Se alegró. No porque aquella mujer hermosa fuese la muerte, sino porque era mujer y al menos por ese instante, no tendría que mirar el noticiero tan solo.

Taza de café

por Sebastián Serrano Me gusta mirarte en mi recuerdo, como se mira a un pájaro en pleno vuelo: libre, silenciosa, indetenible. Me gusta mirarte, mientras yo, solo, le susurro al café tus miradas, tus risas los momentos tan cortos que estuviste (conmigo). Me contento melancólicamente, con la pálida luz que te rodea, esa que es como el sol que se rinde a las seis de la tarde. En esta ciudad amable, que me deja quererte, así, callado, enfrente de una taza de café. La Paz

Los infalibles

por Sebastián Serrano Lo escribí ya hace algunos meses, y sin embargo, la queja, el desaliento, el lamento de aquello que insinuaba en el texto, no son hijas de lo que vendría a ser la solución del problema en cuestión. Me refiero a la postura de los medios de comunicación. Bien es cierto que la bandera que tan presunciosamente enarbolan, la "libertad de expresión" les da (a los medios), la oportunidad de expresar su pensamiento sin obstáculo alguno. Pero también cierto es que todos los ciudadanos y ciudadanas (las mayorías) tenemos el mismo derecho para un acceso objetivo de toda la información a la que no podemos acceder directamente, y me refiero sobretodo a los sucesos internacionales. En su gran mayoría, los medios de comunicación nacionales son las únicas fuentes de esta información y -lo he testimoniado- tergiversan esta información con un determinado afán político. Ejemplos, muchos: tanto en Bolivia como en Ecuador 3 en las últimas semanas. Habría, nos preguntamos alg...