Así de simple

por Sebastián Serrano

Digo que un fin de semana sin cine es darle rienda suelta a la rutina abrumadora del lunes a viernes, haciendo poco por escapar de esa realidad de concreto para refugiarnos por un momento en los recovecos de la fantasía. El cine, como me dijo un amigo, permite aquello, fantasear para ayudarnos a comprender mejor a la realidad que nos rodea.

El caso es que miré "The Straight Story", un film de David Lynch galardonado en el festival de Cannes en 1999. Siempre, hasta antes de esta película, me había preguntado por qué las tramas de la mayoría de films tenían que ser complejas, con altos y bajos, con bioritmos alterados. Para contar una buena historia no hacen falta grandes sucesos que manipulen emociones en el espectador, simplicidad y ser auténtico en eso que queremos decir, nos basta y sobra.

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