Javier, Luis, María, Eduardo, Jackson. Nombres que empecé a encontrarme en la etiqueta roja de la Coca Cola del momento. Curioso. Mi rostro era de estupefacción mirando nombres de personas en una botella plástica de Coca-Cola, la nueva estrategia de marketing de la marca mejor posicionada en todo el mundo. ¿Cuántas personas reconocen la marca de este refresco popular? ¿Qué quería el gigante corporativo lograr con todo esto? Empecé a divagar. Mientras mis años de estudio en marketing trataban de descifrar la estrategia, mi otro yo, aquél que me gusta el más, el loco, me dio la respuesta. ¿Y si yo era Javier, Luis, María, Eduardo, Jackson? Si por ese momento flash, efímero, me convertía en esos seres, desconocidos para mí, pero que bien podía ser yo. Javier, el contador del IESS, que salió a tomarse una Coca Cola y a fumar un Lark para distensionarse de la noticia que le dio su mujer esa mañana: un tercer hijo venía en camino. Luis, el mecánico de la Villaflora quien encontró por casuali...