Una vida de sueño
"Solamente los sueños son siempre lo que son.
Es el lado de nosotros en el que nacemos y en el que siempre somos naturales y nuestros."
Fernando Pessoa
La hora del diablo
Aquella noche, Matías se revolvió entre las sábanas más de la cuenta. Él llamaba a su cama "la piscina de los sueños", porque era eso precisamente, soñar, lo que más placer le producía en su vida. De pronto sucedió. Consiguió un trabajo como supervisor, llegaron las tensiones y las tensiones se traslucían en la noche, despertaba cada hora. Entonces, sus largas sesiones de sueños se interrumpían como se interrumpe un día soleado con lluvia en pleno verano. No tardó tampoco en llegar el amor a su vida: se enamoró como loco, pensaba en ella toda la noche; el insomnio venía amenazándole como amenaza la muerte a un enfermo de cancer terminal. Se decidió finalmente por cambiar de trabajo, uno que le quite la rutina y le devuelva, aunque sea en las horas del día, a las placenteras horas en las que su subconciente diambulaba por mundos desconocidos y nuevos, mundos que solamente él conocía y en donde a veces jugaba de villano, héroe, perseguido, perseguidor, amante, traidor...
Matías se hizo panadero, trabajaba de noche, pero no resultó. Las mañanas llegaba cansado y le era imposible adentrarse en la piscina de los sueños, simplemente dejó de hacer lo que más amaba: soñar.
Y fue cuando Matías tomó la decisión que transformó su vida, y la vida del mundo, porque cuando cambia un hombre cambia la humanidad entera. Decidió por fin que la vida que respiraba, sonreía, lloraba, olía, era todo un sueño. Dormía poco, pero dejó de distinguir, quizás por la activación de un mecanismo interno de su cerebro, entre el vivir y el dormir. Su vida se convirtió en un sueño, y a partir de entonces, recordó con una melancolía arrogante a Calderón de la Barca.