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Última mañana de agosto

 Se despertó como siempre, poco antes de la 4 de la madrugada. El café sabía igual, la madrugada venía lenta y sin apuros, demorando su existencia antes de que el sol la fulmine. Sabía que agosto terminaría y lo supo con mesura y calma.

Agua de canela

 Agua de canela Que apaciguada espera En el frío de verano Que se beban los labios Tu calma cadencia. Agua de canela Infinita en tus pasos Que el esperar alienta Ventiscas de agosto  Sabores que se apañan. Agua de canela Que te bebo despacio En el frío de mi cuerpo Mueres entretanto.

Sueño

Tierra emancipada Luna que brilla Tenue la marea Que en tus ojos  Respira. Dulce sueño, Si no te vuelvo a encontrar, Que me encuentre a mí mismo En la nada del vacío.

Lo que nos dejó el fútbol

A mi pana, Eduardo Cobo  Hablaba poco en la cancha; o quizás hablaba pero no exageraba su condición de capitán y de líder indiscutible. -!Arriba!- o -!Tuya Serrano!- son las voces que ahora me susurran la memoria. Para un pelado de 8 años, lo que ocurre dentro del campo de juego es la vida. Se juega la vida, literalmente. Depende de los otros, patea, corre, la intenta, la caga. Esto nos enseña el fútbol, como un presagio de la vida, como la madre que nos alecciona sobre lo que nos espera. Albert Camus dijo que había aprendido dentro de la cancha todo lo que se debe conocer sobre la vida. Y era verdad. Han pasado casi 40 años de estos recuerdos que recorren la memoria como nubes que amenazan lluvia, que se van como si nunca hubieran estado. La libertad del ser. Hace poco miraba en la TV a los vice campeones de un prestigioso campeonato en Europa al momento de la premiación, retiraban las medallas de plata de su pecho como si éstas les apestaran, como si fueran un estigma de la derro...

Realidad

 Deja que la realidad baile a tu alrededor, como bailaría un caballo desbocado.

El cazador de belleza

Discurrían sus días en anónima felicidad. Sus asuntos los llevaba sin prisa, entre caminatas matutinas y sin los contratiempos mentales que exige una rutina que por ahora, le era indiferente tener. La muerte caminaba junto a él y quizás este hecho peregrino, le proporcionaba una quietud de espíritu que ninguna otra circunstancia le habría procurado.  

Junto a un perro romántico

 A Roberto Bolaño, amigo de infinita ternura     Estoy aquí  Junto a un perro romántico  Y siento que estamos ambos, Aullando y ladrando Junto al perro  A la luna, a la nada, al sueño. Estoy aquí  Aún ladrando Y leyendo tus poemas Ahora tan lejanos Y ten cercanos. Nos espera un largo viaje O quizás ya llegamos, Y es que no nos hemos dado cuenta.