A mi pana, Eduardo Cobo Hablaba poco en la cancha; o quizás hablaba pero no exageraba su condición de capitán y de líder indiscutible. -!Arriba!- o -!Tuya Serrano!- son las voces que ahora me susurran la memoria. Para un pelado de 8 años, lo que ocurre dentro del campo de juego es la vida. Se juega la vida, literalmente. Depende de los otros, patea, corre, la intenta, la caga. Esto nos enseña el fútbol, como un presagio de la vida, como la madre que nos alecciona sobre lo que nos espera. Albert Camus dijo que había aprendido dentro de la cancha todo lo que se debe conocer sobre la vida. Y era verdad. Han pasado casi 40 años de estos recuerdos que recorren la memoria como nubes que amenazan lluvia, que se van como si nunca hubieran estado. La libertad del ser. Hace poco miraba en la TV a los vice campeones de un prestigioso campeonato en Europa al momento de la premiación, retiraban las medallas de plata de su pecho como si éstas les apestaran, como si fueran un estigma de la derro...